El agua paga al agua

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El panel de alto nivel “Retos de la gobernanza del agua, oferta y demanda bajo escenarios del cambio climático”, que se desarrolló en el marco de la 31 Convención y Expo ANEAS Puebla 2017, tuvo como orador principal a Löic Fauchon, presidente honorario del Consejo Mundial del Agua y presidente de la Sociedad de Aguas de Marsella. Se reproduce aquí lo esencial de su ponencia.

Tenemos que practicar la transparencia en materia de precio del agua; debemos tener el valor de decir a la población que el agua cuesta, y que este costo se tiene que reflejar en la factura. Si no hacemos eso de forma progresiva, no podremos disponer de los medios de inversión.

 

Una particularidad que existe en Marsella es la relación entre la autoridad política y un operador profesional. Recordemos –sólo para tenerlo en mente– a qué grandes tipos de amenaza se enfrenta el agua: la demografía, con la urbanización primero que preocupa a todos los operadores del mundo, pero también las migraciones, que causan esta afluencia de población; luego, el crecimiento económico, porque entre más productos producimos, más agua consumimos, y eso pasa también para elevar el nivel de vida, pues a medida que un país aumenta sus ingresos por persona hay un crecimiento del consumo de agua; esto es algo de lo que se habla poco, pero que pesa mucho sobre el consumo de agua. Por último está la evolución del clima y los desastres vinculados con el agua, fenómenos que se conocen muy bien en México, que enfrenta huracanes, ciclones, tormentas tropicales.

 

El saneamiento, restitución de agua a la naturaleza

La principal dificultad a la que nos enfrentamos en México –y en el mundo entero– es encontrar el equilibrio justo entre el agua para el consumo y el agua para la naturaleza. Encargarse de restituir un agua de buena calidad a la naturaleza es un fenómeno nuevo; me refiero al asunto del saneamiento, que es el tema de esta convención. Cada vez hay mejores condiciones en escalas nacional, estatal y local para hacer crecer la oferta de agua a través de lo que nos permite la tecnología: transporte de aguas a grandes distancias, bombeos, desalación, etc.; pero por otro lado está la regulación de la demanda, es decir, evitar el despilfarro y vigilar el rendimiento de las redes de agua no contaminada al igual que los comportamientos de consumo, para lograr que las poblaciones a las que servimos, los usuarios, consuman menos agua, hoy y mañana.

Una necesidad a la que nos enfrentamos actualmente es dominar la energía necesaria para la obtención del agua y el agua necesaria para la producción de energía, en particular cuando tenemos una producción hidroeléctrica importante que consume mucha agua; existe pues, hoy en día, este importante vínculo entre el agua y la energía, y no podemos trabajar de forma individual y separada.

Tenemos obligaciones éticas y morales de disponer del agua suficiente para fines de alimentación, y por otra parte, de no olvidar que de nada sirve nutrir a las poblaciones si después las dejamos morir. La cuestión de la alimentación y de la salud están muy vinculadas; por medio de la educación es necesario mantener una particular atención, pues es a través de los niños que las futuras generaciones adquirirán los mismos principios. La obligación es entonces manejar a la vez la salud y la alimentación.

 

El agua: derecho y seguridad

Finalmente tenemos imperativos, obligaciones fuertes que nos guían, directrices que quisiera citar, o al menos dos de ellas: el derecho de acceso al agua, y digo el derecho de acceso, no derecho al agua, porque es muy fácil hablar del derecho al agua en foros políticos, pero en los hechos es más difícil aplicarlo. Lo que cuenta es el acceso al agua por parte de las poblaciones que no la tienen; acceso al agua es acceso al saneamiento. El otro imperativo es solidificar las bases de lo que desde hace mucho tiempo llamo la hidrodiplomacia, la hidrodiplomacia entre los estados, en particular en los ríos transfronterizos.  Este  problema  lo  conocen  en  el  norte  de  México,  pero  recordemos las 272 cuencas transfronterizas internacionales que son fuentes de tensión en el mundo: en el Nilo en África o en el Tigris y el Éufrates entre Turquía, Siria e Irak, pero también en el Mekong en China.

Algunas palabras sobre la seguridad del agua y la gobernanza: los operadores, las secretarías, tenemos, en términos de responsabilidad, que satisfacer dos tipos de seguridad: la seguridad del recurso, lo cual significa velar por disponer de los recursos necesarios para que puedan ser usados después, y la seguridad del uso, que es una responsabilidad superior de los operadores del agua. Recurso y uso no son lo mismo, y en los trabajos que llevamos a cabo con la Organización de las Naciones Unidas diferenciamos muy bien ambas cuestiones.

 

Financiamiento, pilar de la gobernanza

¿Cuáles son los niveles de la buena gobernanza en escala global? Hay cuatro, por lo menos. El nivel internacional lo evoqué particularmente en la cuestión transfronteriza, pero también está la posibilidad que tenemos para conjuntar, bajo la gobernanza de las Naciones Unidas, la capacidad para que todos se expresen en los foros internacionales.

Los operadores, las secretarías, tenemos, en términos de responsabilidad, que satisfacer dos tipos de seguridad: la seguridad del recurso, lo cual significa velar por disponer de los recursos necesarios para que puedan ser usados después, y la seguridad del uso, que es una responsabilidad superior de los operadores del agua. Recurso y uso no son lo mismo.

También está la gobernanza nacional, que es el papel del Estado. Es un tema delicado en todas partes: en realidad es la relación entre las distintas escalas: la nacional, la de las cuencas y la local; cada uno de estos niveles reclama su independencia, su autonomía, y la cuestión de la buena gobernanza –fuera de las empresas, de las que hablaremos después– es el equilibrio entre ellos: el nivel nacional, cuya función es hacer valer las leyes y los presupuestos necesarios; luego está el papel de las cuencas, porque la protección de los recursos sólo se puede tratar en escala de las cuencas de los ríos; la responsabilidad local incluye el mantenimiento del agua, de la organización, del saneamiento, y es muy importante, porque nunca se tiene mejor gobernanza que cuando uno está cerca del campo de acción. Y más allá de las autoridades o empresas locales, sean públicas o privadas, está claro en la experiencia mundial que hay que asociar más a las comunidades con sus usuarios; hay que mantener un contacto permanente con los representantes de los usuarios, más que con las autoridades locales.

Hay tres pilares para la buena gobernanza del agua: la cuestión del financiamiento –entiendo que en México es un tema bastante delicado en este momento por el recorte de los presupuestos federales al sector–, la repartición del dinero del Estado y la autoridad local. En el Consejo Mundial del Agua proponemos una regla que puede ser difícil de traducir al español: el agua paga al agua.* Tenemos que practicar la transparencia en materia de precio del agua; debemos tener el valor de decir a la población que el agua cuesta, y que este costo se tiene que reflejar en la factura. Si no hacemos eso de forma progresiva, no podremos disponer de los medios de inversión.

En Francia tenemos un sistema que es bastante singular: colectamos todo el dinero del agua del usuario y lo hacemos llegar al Estado. Aquí es un poco a la inversa, el dinero llega del Estado hacia lo local. Luego, la cuestión del conocimiento es muy importante: ya no hay que hablar de transferencia de competencias o conocimientos, sino de intercambios a través de dos vías: el reforzamiento de los programas de innovación en escala local –no esperar todo del ámbito nacional o internacional– y la formación continua dentro de las empresas.

En el Consejo Mundial del Agua se discute en contra de la idea de que dentro de 30 o 50 años la población será casi totalmente urbanizada: la urbanización de las ciudades no es una fatalidad, pero debemos luchar en contra de la urbanización porque necesitamos el medio rural, necesitamos agricultores que conserven la naturaleza. También hay que prestar atención al acceso al agua en el medio rural y al saneamiento, y el vínculo entre lo político, lo económico y lo técnico.

Una última reflexión es la cuestión de los vínculos dentro de la gobernanza. Indiqué aquí ciertos temas que no deben eludirse porque constituyen la base de la cuestión del agua: son vínculos entre el desarrollo y el agua para la naturaleza, entre los recursos y los usos, entre las sequías y las inundaciones, entre la oferta y la demanda, entre el agua y el saneamiento, e insisto en este punto porque México tiene este problema al igual que lo tenemos en otras partes. El saneamiento ha sido por mucho tiempo el olvidado de las políticas del agua, porque uno se preocupa primero por llevar el agua hasta el ciudadano, el empresario, el agricultor, pero aunque esta agua una vez usada debe ser tratada, sigue habiendo serios problemas de contaminación de ríos. También el vínculo entre agua y energía y entre lo rural y lo urbano; en el Consejo Mundial del Agua discutimos en contra de la idea de que de cualquier forma dentro de 30 o 50 años la población será casi totalmente urbanizada: la urbanización de las ciudades no es una fatalidad, pero debemos luchar en contra de la urbanización porque necesitamos el medio rural, necesitamos agricultores que conserven la naturaleza.

Igualmente hay que prestar atención al acceso al agua en el medio rural y al saneamiento, y el vínculo entre lo político, lo económico y lo técnico; no hay buena política del agua si es únicamente técnica, necesitamos a los políticos. Y por supuesto aquí más que en otras partes, hoy, el vínculo entre lo público y lo privado. Hay que permitir que la autoridad política elija entre una gestión que sea predominantemente pública o privada; creo que necesitamos ambas.

 

A manera de conclusión

Esas son las ideas globales sobre la gobernanza del agua, que es un tema mayor. No basta con arreglar los problemas técnicos, la tecnología, la innovación sin al mismo tiempo acordar un modo de funcionamiento político. Las nuevas tecnologías de las que se habla actualmente, como la desalación de las aguas o el proceso de las aguas usadas, no sirven de nada si no determinamos el equilibrio entre la responsabilidad de los operadores, las empresas, en su caso, y la responsabilidad de los políticos. No hay que jugar uno contra otro, hay que actuar uno con el otro: el político tiene su responsabilidad, debe fijar el precio del agua, la inversión, el esfuerzo, y el operador, por su lado, tiene la responsabilidad del mantenimiento de largo plazo y tiene que desarrollar sus capacidades profesionales.

 

*El agua tiene un costo, puesto que hay que extraerla, tratarla, distribuirla, almacenarla y sanearla. El financiamiento del sector agua en Francia descansa en dos grandes principios: 1) “El agua paga al agua”: los usuarios asumen, mediante sus facturas de agua, lo esencial de los gastos ligados a la gestión del agua que consumen. Los recursos de la autoridad local para los servicios de agua y saneamiento deben ser manejados de manera autónoma. Todo el dinero que proviene del agua beneficia al agua, tanto la potable como la usada, que es tratada en las estaciones de depuración: los ingresos equilibran los gastos. 2) “El que contamina y el que consume, paga”, esencialmente por medio de los impuestos a la contaminación y a la extracción, que se pagan a las agencias del agua (www.cnrs.fr/cw/dossiers/doseau/decouv/france/09_prix.htm)