¿Es posible no dejar a nadie atrás?

Dorian Rommens. Programa de Ciencias Naturales, Oficina de la UNESCO en México.


 Los desafíos de vivir en la pobreza pueden diferir considerablemente entre los asentamientos urbanos y rurales, al igual que las posibles respuestas y soluciones.

La edición 2019 del Informe sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo, coordinado por el Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos (WWAP, por sus siglas en inglés), trata de informar a los responsables de la formulación de políticas y decisiones, dentro y fuera de la comunidad del agua, sobre cómo las mejoras en la gestión de los recursos hídricos y el acceso a los servicios de abastecimiento de agua y saneamiento son esenciales para superar la pobreza y abordar otras cuestiones sociales y desigualdades económicas.

Con el lema “No dejar a nadie atrás”, el informe refuerza los compromisos asumidos por los estados miembros de la ONU al adoptar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. El cumplimiento de los derechos humanos al agua y al saneamiento requiere que los servicios estén disponibles y sean físicamente accesibles, equitativamente asequibles, seguros y culturalmente aceptables.

Sin embargo, se debe tener precaución para diferenciar claramente entre los derechos del agua y los derechos humanos al agua y al saneamiento. Los derechos de agua, que normalmente están regulados por las leyes nacionales, se confieren a un individuo u organización a través de derechos de propiedad o derechos sobre la tierra, o mediante un acuerdo negociado entre el Estado y los propietarios de las tierras. Tales derechos son a menudo temporales y pueden ser retirados potencialmente. Los derechos humanos al agua y al saneamiento no son temporales, no están sujetos a la aprobación del Estado y no pueden ser retirados.

Panorama mundial

Miles de millones de personas aún carecen de agua potable y servicios sanitarios, y existen inequidades por razones relacionadas con su género, edad, etnia, cultura, condición migratoria o socioeconómica, entre otras. La exclusión, la discriminación, las asimetrías de poder arraigadas, la pobreza y las desigualdades materiales se encuentran entre los principales obstáculos para cumplir con los derechos humanos al agua y al saneamiento.

Las cifras globales sobre agua, saneamiento e higiene (ASH) a menudo ocultan desigualdades sustanciales entre regiones, países, comunidades e incluso vecindarios y dentro de ellos. Se puede observar una gran variabilidad en términos de acceso al agua potable básica y al saneamiento básico en escala nacional. Los contrastes y las desigualdades pueden ser particularmente notables entre los entornos urbanos y rurales dentro de un mismo país, e incluso dentro de un solo municipio.

El crecimiento de la población es un importante impulsor del aumento de la demanda de agua, tanto directa como indirectamente (por ejemplo, a través de la creciente demanda de bienes y servicios que consumen mucha agua, incluidos alimentos y energía).

Los desafíos del desarrollo sostenible serán cada vez más agudos en las ciudades, particularmente en los países de ingresos bajos y medios donde el crecimiento de la población y el ritmo de la urbanización son mayores. Los asentamientos informales (barrios marginales) presentan un reto particularmente difícil y urgente.

Los desafíos de vivir en la pobreza pueden diferir considerablemente entre los asentamientos urbanos y rurales, al igual que las posibles respuestas y soluciones. En 2013, casi el 80% de los pobres extremos vivían en áreas rurales. Así, mejorar el acceso al suministro de agua y servicios de saneamiento en entornos rurales requerirá por su parte enfoques diferentes. Estas personas tampoco deben dejarse atrás en términos de políticas de desarrollo sostenible.

Figura 1. a) Inequidades en el servicio básico de agua potable; b) inequidades en el saneamiento básico.

En otro ámbito de análisis, las instalaciones de agua y saneamiento en las escuelas son fundamentales para promover un buen comportamiento higiénico y la salud y el bienestar de los niños. La falta de letrinas y agua potable y las instalaciones sanitarias inadecuadas contribuyen al absentismo y a las altas tasas de deserción, especialmente entre las niñas cuando faltan baños separados por sexo. A su vez, se calcula que tres de cada cuatro trabajos dependen del agua. El acceso a instalaciones de ASH adecuadas y segregadas por género en el lugar de trabajo se ha relacionado con una mayor productividad, especialmente entre las mujeres.

Las mujeres y las niñas experimentan regularmente discriminación y desigualdades en el disfrute de sus derechos humanos al agua potable y al saneamiento en muchas partes del mundo. Las minorías étnicas y de otro tipo, incluidos los pueblos indígenas, los migrantes, los refugiados y las personas con ciertos ancestros (por ejemplo, las castas) a menudo experimentan discriminación, al igual que las minorías religiosas y lingüísticas. La discapacidad, la edad y el estado de salud también pueden ser factores. Las diferencias en la propiedad, la tenencia, la residencia y el estatus económico y social también pueden conducir a la discriminación. Los desafíos están directamente relacionados con el lugar donde viven las personas.

Actualidad del acceso a los servicios

En términos de suministro, entubar el agua es el método menos costoso para transportarla en áreas densamente pobladas. Cuando las redes de tuberías no están disponibles, las personas dependen principalmente de pozos o sistemas de suministro de agua de la comunidad (por ejemplo, el suministro de agua a través de quioscos y vendedores o camiones de agua). En este último caso, con frecuencia se pagan precios varias veces más altos por un líquido de menor calidad, lo que agrava aun más las inequidades entre los ricos y los desfavorecidos.

Las personas que viven en asentamientos informales son excluidas regularmente de los esquemas de suministro de agua y saneamiento. Su falta de estatus legal (en muchos casos no paga impuestos y sus acuerdos de alquiler de viviendas son parte de la economía informal) significa que a menudo las autoridades y los proveedores de servicios los pasan por alto porque están “ocultos” o “perdidos” en estadísticas agregadas.

 

El acceso equitativo al agua para la producción agrícola, aunque sólo sea para el riego complementario de los cultivos, puede marcar la diferencia entre la agricultura como un simple medio de supervivencia y la agricultura como una fuente confiable de medios de vida.

Si bien los grandes sistemas centralizados de agua y saneamiento brindan oportunidades para compartir recursos y economías de escala en comunidades urbanas de alta densidad, los sistemas descentralizados menos costosos han demostrado ser exitosos en asentamientos urbanos más pequeños, incluidos los campamentos de refugiados. El principio básico en cuanto a la selección de las tecnologías más apropiadas es el de las mejores prácticas. Por ejemplo, el suministro en grupos de hogares (en lugar de hogares individuales) en áreas periurbanas de bajos ingresos y grandes aldeas podría reducir los costos de inversión y al mismo tiempo permitir un mejor nivel de servicio para los más pobres.

Aunque a veces los sistemas de suministro de agua están mejor atendidos con redes más pequeñas y fáciles de administrar, los desafíos de la gestión de aguas residuales y lodos suelen ser más complejos. Una razón principal es la falta de voluntad para pagar los servicios de saneamiento.

En zonas rurales, las instalaciones compartidas pueden ofrecer una alternativa más asequible que los servicios en escala de hogar. El objetivo es acercar estas instalaciones a los hogares de las personas, al tiempo que se garantiza y mantiene su seguridad y asequibilidad.

Las desigualdades en la propiedad de la tierra pueden traducirse en un acceso desigual a los beneficios de los recursos hídricos. Por ejemplo, los derechos inequitativos de las mujeres a la herencia y la propiedad de la tierra en algunos países pueden conducir directamente a la discriminación con respecto a la asignación de agua.

Los pobres de entornos rurales también enfrentan otro gran desafío. La gran mayoría de ellos son pequeños agricultores familiares que, si bien constituyen la columna vertebral de los suministros alimentarios nacionales –contribuyen a más de la mitad de la producción agrícola en muchos países–, a menudo sufren inseguridad alimentaria y malnutrición.

En este sentido, el riego suplementario en los sistemas agrícolas de secano puede no sólo asegurar la supervivencia de los cultivos, sino también duplicar o incluso triplicar los rendimientos de secano.

El acceso equitativo para la producción agrícola (así como para el equipo, los conocimientos técnicos), aunque sólo sea para el riego complementario de los cultivos, puede marcar la diferencia entre la agricultura como un simple medio de supervivencia y la agricultura como una fuente confiable de medios de vida.

Garantizar un acceso seguro e igualitario en zonas rurales requerirá esfuerzos continuos para aumentar la visibilidad de los usuarios de pequeña escala con respecto al agua para riego, así como un mayor reconocimiento de su contribución a la seguridad alimentaria nacional. Las asignaciones de agua para usuarios de gran escala, ya sea para riego u otros fines, no deben realizarse a expensas de las necesidades legítimas de los pequeños agricultores.

Nuevos patrones

En 2017, 18.8 millones de personas en 118 países se vieron obligadas a abandonar sus hogares debido a desastres provocados por amenazas naturales súbitas. En general, el riesgo de ser desplazados por desastres se ha duplicado desde la década de 1970, principalmente debido al crecimiento demográfico, y una mayor exposición y vulnerabilidad ante las amenazas naturales. El cambio climático, unido a la pobreza, la desigualdad, el crecimiento demográfico urbano, la gestión deficiente del uso de la tierra y la gobernanza débil también abonan al riesgo.

Están también aquellas personas que se trasladan debido a eventos y factores estresantes de evolución lenta como sequía crónica, aumento del nivel del mar, desertificación o pérdida de ecosistemas, entre otros, puesto que las causas de estos movimientos suelen ser complejas.

Acción presente y futura

Los niveles actuales de financiamiento para los servicios de ASH están generalmente por debajo de los costos de capital requeridos para poder cumplir con los servicios básicos hacia 2030 (véase figura 2). Habría que aumentar tres veces los niveles actuales de inversión anual (hasta 114,000 millones de dólares). Cabe destacar que las necesidades de recursos estimadas no incluyen costos de operación y mantenimiento; por lo tanto, los requisitos reales de financiamiento son aun más altos.

Figura 2. Recursos adicionales necesarios para cumplir las metas de los servicios de ASH básicos y administrados de manera segura.

Si bien los presupuestos gubernamentales de ASH aumentan a una tasa promedio anual real de 4.9%, más del 80% de los países monitoreados informan que no cuentan con financiamiento suficiente para alcanzar sus objetivos nacionales de agua potable, saneamiento y calidad del agua en áreas urbanas, mientras que este porcentaje aumenta hasta 90% cuando se refiere a áreas rurales.

Invertir en ASH en general, y en servicios de ASH para personas vulnerables y desfavorecidas en particular, tiene sentido económico. La evidencia sugiere que el retorno de inversión puede ser considerablemente alto, con una relación de costo-beneficio promedio global de 5.5 para saneamiento mejorado y de 2.0 para agua potable mejorada, cuando se toman en cuenta beneficios macroeconómicos más amplios.

El gobierno no siempre puede por sí solo asumir toda la responsabilidad de suministrar servicios de agua y saneamiento a todos los ciudadanos, en especial en ambientes de bajos ingresos. La ayuda oficial al desarrollo resulta especialmente útil a la hora de movilizar inversiones de otras fuentes, como la financiación comercial y mixta, incluso del sector privado.

Puesto que los subsidios están vinculados muy frecuentemente a los gastos de capital, y éstos suelen centrarse en comunidades relativamente acomodadas, con frecuencia los no pobres se han beneficiado de las intervenciones de subsidios destinados a los pobres.

La mejora de la provisión de servicios ASH a grupos vulnerables a menudo se puede lograr mediante subsidios cruzados, con los cuales los usuarios con más recursos ayudan a cubrir los costos de la provisión del servicio a quienes menos pueden pagarlos.

El gobierno no siempre puede por sí solo asumir toda la responsabilidad de suministrar servicios de agua y saneamiento a todos los ciudadanos, en especial en ambientes de bajos ingresos. La ayuda oficial al desarrollo resulta especialmente útil a la hora de movilizar inversiones de otras fuentes, como la financiación comercial y mixta, incluso del sector privado. Sin embargo, les corresponderá a los gobiernos nacionales aumentar drásticamente los importes de los fondos públicos disponibles para la expansión de los servicios de agua, saneamiento e higiene.

Buena gobernanza: la parte “invisible” del ciclo hidrológico

La buena gobernanza del agua permite y alienta los procesos de toma de decisiones que son incluyentes de todas las partes interesadas y de las prácticas de agua sin discriminación, integrando, por ejemplo, las disposiciones consuetudinarias en materia de agua de los pueblos indígenas, tribus, comunidades rurales y otros grupos. En este esfuerzo, herramientas como el manual de Cap-Net por un enfoque basado en los derechos humanos para la gestión integrada de los recursos hídricos o el Paquete de Capacitación del PNUD sobre Pueblos Indígenas y Gestión Integrada de los Recursos Hídricos pueden ser de gran ayuda.

Los derechos humanos al agua y a l saneamiento no existen aislados de otros. La buena gestión y la gobernanza del agua son fundamentales e influyen en el cumplimiento de una variedad de derechos humanos, incluidos los derechos a la vida, a la salud, a la alimentación y los relacionados con un medio ambiente sano.

Hay que ser precavidos y diferenciar claramente entre la gestión de los recursos hídricos (incluyendo los derechos del agua) y los derechos humanos al agua y el saneamiento. Los tipos de enfoques que mueven el agua hacia la equidad incluyen tratar el agua como un bien común, no como un recurso económico; hacer que la toma de decisiones de ASH sea transparente y participativa; adoptar políticas de agua que reconozcan y aborden los desequilibrios políticos y económicos, y asegurar que el agua esté disponible para usos futuros y actuales.

Las mujeres y las niñas experimentan regularmente discriminación y desigualdades en el disfrute de sus derechos humanos al agua potable y al saneamiento.

 

Mensajes y enseñanzas

  • Asegurar que el agua sea asequible para todos requiere recomendaciones de políticas adaptadas a grupos con objetivos específicos.
  • El acceso equitativo al agua para producción agrícola –particularmente para el riego suplementario– puede marcar una diferencia en la vida de los agricultores.
  • El desplazamiento de masas puede dañar los servicios relacionados con el agua, tanto para las poblaciones existentes como para los recién llegados, lo que crea desigualdades y potenciales conflictos.
  • Invertir en el abastecimiento de agua y el saneamiento en general, y para las personas vulnerables y desfavorecidas en particular tiene buen sentido económico. La buena gobernanza supera intereses creados y prácticas excluyentes.

Estos objetivos son totalmente alcanzables, siempre que la exclusión y la desigualdad se aborden tanto en la política como en la práctica. De lo contrario, las intervenciones en el agua no lograrán llegar a quienes más lo necesitan y quienes probablemente más se beneficiarían de ello.

Un caso de éxito de todo lo expuesto es la instalación de tratamiento de aguas residuales más grande jamás construida en un asentamiento de refugiados en Kutupalong, Bangladesh, el asentamiento de refugiados más grande del mundo. La reciente instalación a cargo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y Oxfam puede procesar los residuos de 150,000 personas: 40 metros cúbicos por día. Para poner esto en contexto, es más o menos el equivalente al necesario para una población del tamaño de Dijon en Francia, Savannah en Estados Unidos o en Berna, Suiza. La capacidad de tratar grandes volúmenes de desechos en el sitio, en lugar de tener que transportarlos a otros lugares, es un paso esencial para la eliminación segura y sostenible de dichos desechos en situaciones de emergencia. Esto reducirá significativamente los riesgos para la salud de los refugiados y las comunidades de acogida y la probabilidad de un brote de la enfermedad, al tiempo que se mantienen al mínimo los costos operativos y de mantenimiento. El sistema también beneficia a las comunidades locales de Bangladesh, que han alojado y apoyado generosamente a los refugiados.

 


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