Lo básico: consumo racional, reúso y cultura del agua

Germán Efraín Figueroa Vega Ingeniero civil con maestría y doctorado. Experiencia en construcción urbana y sanitaria, diseño y fabricación de estructuras metálicas y tuberías de drenaje, y en pavimentaciones, presas, canales, drenes y carreteras; en supervisión y coordinación de obras; gerencia y dirección; hidráulica, hidrología, geohidrología, mecánica de suelos y estudio y proyecto de obras hidráulicas. Durante más de 35 años fue miembro del Grupo de Hundimientos Regionales de la Unesco. Perito profesional en Geotecnia.

La extracción de agua del subsuelo en la Ciudad de México es responsable de numerosas afectaciones a la infraestructura superficial y subterránea de las zonas de extracción. Todos los daños que causa el hundimiento en infraestructura son muchísimo más costosos que si desde un principio se hubiese limitado la extracción del acuífero a su alimentación y desde entonces se hubieran hecho obras para traer el agua de fuera del valle.

De niño, Germán Figueroa no tenía predisposición especial por la ingeniería civil, nos cuenta: “No había una motivación; de hecho, mis dos hermanos mayores fueron médicos y yo tenía la idea de seguir también la carrera de Medicina, pero cuando estaba en 5º de prepa me dejaban entrar al hospital –estaba a media cuadra de la Autónoma de Guadalajara, donde estudiaban mis hermanos– porque me conocían, y yo me metía a ver las operaciones y las disecciones de los cadáveres; en las operaciones no se ve casi nada, porque está uno en la cúpula viendo de arriba abajo; el campo operatorio está en un cuadrito nada más, y ahí están trabajando los cirujanos, no se ve nada, pero en las disecciones de los cadáveres puede uno ver todo, de afuera y adentro. El único problema de las disecciones es que los cadáveres los conservan con formol para que no se descompongan, pero con todo y el formol, el olor de los refrigeradores y todo es muy molesto, muy desagradable; eso me quitó la idea de estudiar medicina. Me puse a analizar otras opciones y me metí a la carrera de Ingeniería. Hoy soy doctor, pero no me permiten extender recetas, lo único que puedo recomendar es un par de Alka-Seltzer después de una noche tormentosa.”

¿Por qué ingeniería civil?, le preguntamos. “Me puse a revisar los programas de Ingeniería, de Arquitectura, de otras carreras, y las que más me llamaron la atención fueron esas dos. Finalmente me decidí por la ingeniería por las materias, por el enfoque de la ingeniería civil; de hecho, en esa época en la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG) no había otras ingenierías.”

Germán Figueroa comenzó la carrera y le encantó. Poco antes de concluirla, falleció su padre. Relata: “Iba yo a abandonar la carrera para atender cuestiones de familia, cuando uno de los profesores, tal vez el mejor que tuvimos en la carrera, el ingeniero José Antonio Legarreta Jimeno, originario de Querétaro, al enterarse me dijo: ‘No, no se salga, termínela, le voy a ayudar a conseguir algunos trabajos’. Así fue: me estuvo ayudando a conseguir trabajos en Guadalajara, así que yo estudiaba y trabajaba desde 3º de Ingeniería, en compañías de la ciudad.”

Desde la mitad de sus estudios de Ingeniería civil, Figueroa ya trabajaba en la especialidad. “Realmente fue una gran experiencia –nos dice–. Recibirse con sólo nociones de libro no funciona, debería promoverse ampliamente que los estudiantes tengan esa gran oportunidad que un maestro me dio a mí.”

La ingeniería civil ofrece muchas especialidades; le consultamos por qué optó por la mecánica de suelos, y contesta: “Cuando salí de la facultad, trabajé en construcción pavimentando Colima, construyendo el mercado de Tecomán y construyendo la presa Tenasco. La UAG dependía de la UNAM, entonces me mudé a la Ciudad de México para ingresar a la UNAM en estudios de posgrado. Hice la solicitud para un posgrado en Ingeniería civil en la especialidad de Estructuras, pero me informaron que para la especialidad que escogí ya no había cupo. Me ofrecieron la opción de Mecánica de suelos y acepté. Así que fue el destino el que decidió por mí, pero lo hizo bien –nos dice sonriendo–, porque me gustó la especialidad.”

Como otros jóvenes de su generación, tuvo la oportunidad, el privilegio, de contar con grandes maestros en su formación profesional. “Fui alumno del doctor Juárez Badillo, del profesor Enrique Tamez, dos de los principales promotores de la mecánica de suelos en México; en su momento, ellos estudiaron mecánica de suelos con Karl von Terzaghi, iniciador de la especialidad en el ámbito mundial, en Harvard.”

Federico Mooser, ingeniero geólogo y destacado personaje relacionado con las principales obras de infraestructura en México en las cuales tiene mucha incumbencia la mecánica de suelos (la geotecnia) también ha sido uno de sus coetáneos conocido. “Federico, que nos dejó físicamente hace muy poco, fue muy amigo mío desde 1960 que llegué a la Ciudad de México. Yo ingresé a la Comisión Hidrológica de la Cuenca del Valle de México, y la primera vez que lo vi él estaba tirado en el piso iluminando los planotes de la geología del valle.”

De la relación con Juárez Badillo, con Enrique Tamez, Federico Mooser y otros personajes de la época con quienes trató, le pedimos algunas anécdotas que tuviera presentes, y recordó una con respecto al hundimiento. “En el Congreso Internacional de Mecánica de Suelos e Ingeniería de Cimentaciones que tuvo lugar en 1969 en el Auditorio del Centro Médico, en avenida Cuauhtémoc (donde se cayeron varios hospitales, aunque el auditorio sólo resultó con ligeros daños durante el sismo de 1985), al profesor Tamez le tocó dirigir el discurso de bienvenida, y al terminarlo dijo: ‘Y quiero comunicarles que este local, para el viernes que termine la reunión, va a estar algunos milímetros más abajo, pero no se preocupen, estamos aún a 2,240 metros sobre el nivel del mar’ ”.

De su época de estudiante en la maestría nos cuenta una anécdota con un profesor, cuyo nombre prefiere no mencionar. “Estábamos en clase y él estaba exponiendo; en un momento se refirió al manejo de explosivos en las presas (yo venía de construir la presa Tenasco, al norte de Jalisco) y dijo: ‘Se toma el cartucho de dinamita, se prende la mecha y ya.’ Yo pedí la palabra y le dije: ‘Perdón, profesor, si usted prende un cartucho de dinamita con la pura mecha, el cartucho arde como luz de bengala; tiene que ponerle fulminante’… y se escucharon risas de muchos alumnos en el salón. El profesor interrumpe diciéndome: ‘Ah, ¡qué bueno!, a ver si es usted tan bueno en el examen final.’

”Pero no hubo examen final, ese fue el último día que asistí a clase; al siguiente semestre me reinscribí y entonces tuve la enorme satisfacción de que el profesor era Enrique Tamez, fundador de la empresa Solum, donde trabajé en 1960 en la cimentación del paso a desnivel de Calzada de Tlalpan y San Fernando, y donde la excavación del lado oriente se hizo aplicando electrósmosis y sin ademe alguno.

”En la misma obra, como a la mitad del lado poniente, que estaba siendo construida por otra empresa, la excavación estaba llena de pilotes y ademes; varios periodistas me preguntaron que por qué acá no era así, y yo les contesté –seguro que si les mencionaba la electrósmosis no iban a entender nada– que los cables conectados a las varillas hincadas en el fondo de la excavación, que eran visibles, le daban toques a la formación, ésta se fruncía y aprovechábamos para excavar. Ningún periódico publicó la noticia.”

Como nos relató, llegado a la Ciudad de México, después de lo de Solum, el siguiente trabajo de Germán Figueroa fue en la Comisión Hidrológica de la Cuenca del Valle de México. “Allí trabajaba yo con el ingeniero Ignacio Sainz Ortiz. Fue la dependencia que inició la geohidrología moderna en México; antes de eso, los estudios de los acuíferos se hacían con coeficientes de infiltración, no sé si haya oído de este procedimiento.”

Yo le contesto que he oído, sí, pero no tengo conocimiento.

“Aunque fuese ingeniero, tal vez no le serviría de nada –contesta con una sonrisa efusiva–. Se basa en que, según la formación geológica, se suponen coeficientes de infiltración de la lluvia para estimar cuánto es el total de la infiltración al acuífero, pero a mi juicio no ofrece buenos resultados. En la Comisión Hidrológica comenzamos los estudios ya con teorías de geohidrología, y se iniciaron los modelos de los acuíferos que se utilizan actualmente.

”Los coeficientes le pueden llevar a barrabasadas tremendas. La diferencia es que, con los modelos geohidrológicos, usted primero mide todo el acuífero, las presiones, los niveles, etc., luego hace pruebas de permeabilidades para calcular qué tanto circula el agua dentro de las formaciones; con todo eso, calcula los gastos que circulan y divide la zona en cuadritos, cuadrito por cuadrito se van haciendo los cálculos; al final, se hace el cálculo total, y en esas condiciones usted tiene una precisión que aumenta con los datos que obtiene.”

Sin duda es de los ingenieros que más experiencia tienen sobre la evolución del hundimiento del suelo en la zona del Valle de México, así que le pedimos que se refiera a dicho fenómeno.

“La extracción de agua del subsuelo es el fenómeno más determinante en el hundimiento del suelo en el Valle de México. El primer pozo profundo para la extracción de agua con bombas, como los actuales, se perforó a mediados del siglo XIX, en un lugar que se llamó la alberca Pane, en la calle de Versalles, cerca de Reforma. El dueño de la alberca Pane fue el primero que hizo un pozo con equipo de bombeo, y a raíz del éxito del procedimiento, desde mediados del siglo hasta finales se multiplicaron los pozos. El primer efecto que se notó es que había manantiales que venían desde Chapultepec que redujeron su flujo o de plano lo perdieron.”

Germán Figueroa agrega: “Por los años noventa del siglo XIX fue cuando al ingeniero Roberto Gayol y Soto le dieron el contrato de diseñar y construir la red de drenaje de la Ciudad de México, que descargaba en los tanques de San Lázaro, y siguieron los problemas, esos mismos de los manantiales, que nadie interpretó. Empezaron los problemas con los hundimientos en los tanques de San Lázaro, empezaron las fuertes críticas de los colegas al ingeniero Gayol. Entonces él repitió su nivelación, encontró que el problema era que había hundimientos y lo atribuyó a otras causas, como las fugas en tuberías, pero el descubrimiento de los hundimientos se debió al ingeniero Gayol y lo reportó en 1925, en una reunión de la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos de México.

”Fue en la década de 1940 cuando se cambió la interpretación. En 1947 Nabor Carrillo escribió un artículo teórico en el que, en función del bombeo, estimaba el hundimiento de la zona centro de la Ciudad de México; lo reprodujo bien e hizo algunas predicciones. Esa fue ya la confirmación de la causa del hundimiento.

”Para entonces el hundimiento era ya importante. Desde la década de 1940 se construía la primera etapa del Sistema Lerma, que entró en operación a comienzos de los cincuenta, si mal no recuerdo; fueron como 4  metros cúbicos por segundo (m3/s), y se dio la primera reducción de bombeo del subsuelo de la Ciudad de México porque entró el agua del Lerma; empezaron a suspender algunos pozos, pero como ya la zona Centro de la ciudad tenía hundimientos notables en banquetas, edificios, etc., cancelaron bastantes pozos allí, y comenzaron a generar otros en el oriente, hacia el aeropuerto, hacia Nezahualcóyotl, y más adelante hacia Iztapalapa. La situación es tan grave ahorita que en la zonas planas de Iztapalapa y Chalco los hundimientos hasta la fecha son del orden de 16 metros o más.

”La zona en torno al Zócalo tiene ahora unos 12 metros de hundimiento. En la zona de Chalco, hacia el oriente de Tláhuac, se formaron lagunas porque el agua ya no drenaba y se acumula ahí. Esas lagunas se formaron por hundimiento, y esa zona es de las de más hundimiento, ¿por qué razón? Porque el espesor de las arcillas compresibles del pie de la sierra hacia el Lago de Texcoco va aumentando. Entonces, en la Ciudad de México, el doctor Marsal hizo un estudio formal y pronosticó que el hundimiento máximo con abatimiento total de los acuíferos iba a ser de 20 metros. Más o menos en eso anda ya ahora en la zona que él estudió, que llegaba más o menos  hasta la avenida Río Churubusco que va para el aeropuerto. De ahí para allá, como los espesores de las arcillas son mayores, los hundimientos actuales son mayores que eso, no han llegado a los 20 metros, pero la última predicción de Carlos Cruickshank es tremenda: asume que el hundimiento será de 40 a 50 metros en total en las zonas de Iztapalapa y Chalco ya mencionadas.

”Es sabido que la extracción de agua del subsuelo en la Ciudad de México es responsable de numerosas afectaciones a la infraestructura superficial y subterránea de las zonas de extracción. Tal es el caso del sistema del Drenaje Profundo. El Gran Canal drenaba desde los tanques de San Lázaro hasta la salida al Mezquital, y ahora llega a la altura de Ecatepec; desde Ecatepec cambió su pendiente y ahora viene de bajada hacia el sur. Se va corrigiendo con plantas de bombeo y más conductos subterráneos. Todos los daños que causa el hundimiento en infraestructura son muchísimo más costosos que si desde un principio se hubiese limitado la extracción del acuífero a su alimentación y desde entonces se hubieran hecho obras para traer el agua de fuera del valle.”

Consultado sobre los responsables de esta situación, Germán Figueroa nos responde: “Los políticos no ven el agua subterránea ni ven los hundimientos; ellos ven otras cosas, y entonces el presupuesto no lo asignan a las necesidades presentes y futuras de obras que no se ven en la superficie.”

En general se habla de los políticos como si fuera una profesión, pero en realidad políticos somos todos, en la medida en que somos ciudadanos. En muchos casos, los ingenieros civiles tienen cierto desprecio por la política y los políticos; explícitamente le preguntamos a nuestro interlocutor: ¿no hay una corresponsabilidad de parte de los ingenieros civiles también, por no asumir responsabilidades políticas que les permitirían tomar decisiones correctas en casos como este?

“A muchos ingenieros no les interesa la política porque andan viendo las obras, la construcción de presas, caminos… En el Colegio de Ingenieros Civiles yo formo parte del Comité del Agua, y ahí he opinado en varias ocasiones que la Conagua debería tener estatus de Secretaría de Estado para enfrentar los problemas con eficacia, contando con los recursos e incumbencias del caso.”

Le pedimos a nuestro entrevistado que evalúe la situación actual en materia de hundimientos en el Valle de México y cuáles son las soluciones alternativas que imagina para resolver el problema en corto, mediano y largo plazo.

“Lo primero es alcanzar un consumo racional, moderado, del agua. Luego reutilizar el agua que se consume, tratarla y volver a usarla; en parte, tratarla y usarla en riego, que es más barato, porque es un tratamiento menor, pero es necesario tratarla y volverla a usar en el ámbito doméstico, porque si le agrega usted el costo de todo lo que mencioné de los daños, el agua está saliendo más cara, aunque digan que no, aunque tengan un precio oficial. El costo real del servicio de suministro y manejo del agua es varias veces más el precio actual.”

Opina que el factor educativo, una cultura del agua, es primordial. “Hay que educar a la sociedad, a todos, comenzando desde los niños en la primaria, para que se tome conciencia del valor real del servicio del agua. Lo que sigue es reducir drásticamente la extracción de agua del subsuelo hasta dejar de hacerlo y traer el agua desde fuera del Valle de México. A priori se puede especular con que esto es más costoso por la gran infraestructura requerida, pero al final el resultado será ahorro de recursos.”

Sobre cuánta agua se extrae del Valle de México, nos dice: “En el año 1981 el Plan Nacional Hídrico –ya extinto– señalaba 51.9 m3/s, y se recargaban sólo 25 m3/s; en las últimas informaciones se menciona que se está extrayendo del orden de 55 metros cúbicos por segundo.”

Respecto al estado actual de la extracción de agua, nos responde: “Los 25 m3/s fueron el resultado de mi primer estudio diagnóstico del Valle de México completo, era ligeramente menos que 25, pero siguen manejando la cifra, ahorita están extrayendo un poco más del doble de la alimentación natural del acuífero.”

La pregunta resulta obvia: Al día de hoy, ¿cuánto estima Germán Figueroa que puede mantenerse esta sobreexplotación del acuífero sin generar daños mayores a los que ya se conocen?

“Es nada más cuestión de ver la velocidad de hundimiento; hay zonas que se están hundiendo como medio metro por año, en Nezahualcóyotl, en Chalco. ¿Hasta dónde van a aguantar? En Nezahualcóyotl me tocó participar también en el diseño de la red de drenaje; el drenaje era de la sierra que está al sur de Nezahualcóyotl, hacia el Lago de Texcoco, rumbo a la carretera Peñón-Texcoco; como eso se ha hundido, ya se tiene que sacar el agua del drenaje por bombeo”.

Consultado sobre las que considera las mayores contribuciones, suyas y de terceros, al conocimiento del comportamiento de los acuíferos en el Valle de México, Germán Figueroa nos dice: “Mi principal contribución probablemente haya sido la introducción de la geohidrología moderna –en lugar de los coeficientes de infiltración– y los primeros modelos digitales del tipo ya mencionado en los años sesenta, aplicando el modelo de Cruickshank-Chávez, que trabajaban con el ingeniero Sainz Ortiz, al Valle de México, de donde salieron los 25 m3/seg de alimentación que se utilizan hasta ahora, y a otros valles que estudiábamos como posibles fuentes de importación de aguas, como son el Alto Lerma, la cuenca de Oriental, el Mezquital, etcétera.

”A partir de entonces, la Secretaría de Recursos Hidráulicos y la Conagua han acumulado un gran número de estudios adicionales que obran en sus archivos, sin que las autoridades hayan procedido a construir y operar las obras definidas en ellos, y esto ha llevado a la cuenca a la actual sobreexplotación de más del 100% de su recarga, con las gravísimas consecuencias ya mencionadas.”