Práctica y análisis, fundamentales para tener ingenieros geotecnistas completos

Héctor Manuel Valverde Landeros Ingeniero civil con maestría en Mecánica de Suelos. Profesor de Comportamiento de los Suelos y de Mecánica de Suelos Teórica de 1978 a 1988 en la FI-UNAM. Trabajó en la Superintendencia General de Geotecnia de Pemex, donde desarrolló diversos proyectos para la industria petrolera. Es director general de Ingenieros Especialistas en Cimentaciones, S.C., y de Cimentec HV, S.A. de C.V. Coordinador del Comité de Peritos en Geotecnia del CICM de 2010 a 2021.

Ha habido una evolución enorme en nuestro ámbito; el uso de la computadora ha revolucionado la forma de calcular. La tecnología es un instrumento muy valioso en este proceso de evolución, pero no se debe depender de ella a ciegas. Se ha perdido la sensibilidad sobre el comportamiento de un fenómeno geotécnico: ahora se ingresa información a una caja negra y se recibe un resultado sin el análisis ingenieril, sin aplicarse el criterio de un ingeniero que analice y verifique lo que las aplicaciones tecnológicas ofrecen. Debe complementarse la parte técnica con la práctica para tener un ingeniero geotécnico completo.

Cuando estaba en la preparatoria, Héctor Valverde Landeros en su momento tuvo la duda respecto a qué le convenía más estudiar como carrera profesional. Nos cuenta que “en el entorno familiar influyó un tío que era constructor, me inspiró mucho para hacer la carrera de Ingeniería. Ya cursándola en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, fue allí que me di cuenta de mi particular interés por los temas de geotecnia, gracias a Ricardo Fernández del Olmo y a Jorge Castilla Camacho, y especialmente a Gabriel Moreno Pecero cuando tomé clases con él”.

Por ese entonces se dio la influencia de su tío Enrique Landeros. No dejó de contar con el respaldo de su familia directa, aunque su padre, Héctor Valverde Arciniega, no estaba vinculado a la ingeniería; era empleado de Ferrocarriles Nacionales.

“A pesar de ello –apunta Héctor Valverde–, había mucho impulso por parte de mi familia para que yo estudiara en la universidad, y respetaban mis decisiones”.

Siendo originario de Querétaro, Héctor Valverde se mudó con su familia a la Ciudad de México, con motivo del trabajo de su padre. Ese cambio le permitió ingresar a la UNAM.

Sobre la preferencia por la especialidad de geotecnia, nuestro interlocutor abunda: “Las clases con el profesor Gabriel Moreno Pecero fueron determinantes: fue el mejor impulsor. Gabriel Moreno Pecero motivaba a indagar, a explorar, a conocer. Él tenía una forma bondadosa de acercarse al alumno, como amigo. Cuando debí elegir a mi sinodal para hacer mi tesis, se lo propuse y aceptó”.

Relata: “Cuando terminé la carrera, el ingeniero Francisco Zamora Millán me invitó a dar clases en la Facultad de Ingeniería. Él era, a su estilo, como Gabriel Moreno Pecero, muy cercano a los alumnos; era un excelente profesor. Con frecuencia nos invitaba a su casa a confraternizar. Platicábamos de varios temas, siempre relacionados con la geotecnia, y esa experiencia reafirmó mi interés en la especialidad.

”Durante el tiempo que estábamos en la Facultad de Ingeniería se hacían visitas a obras; esto lo organizaban las áreas de geotecnia y de construcción”.

Estaba seguro de que tenía que hacer una maestría, y al darle el ingeniero Zamora la oportunidad de dar clases, pudo tener un ingreso económico para realizar simultáneamente la maestría. Le pedimos a nuestro entrevistado que abundara en su experiencia con el profesor Zamora Millán.

“Con don Paco tuvimos muy buena relación. Él fue muy querido por todos sus alumnos, era un maestro ejemplar, amigo de cada uno de nosotros. Nos apoyaba, nos daba consejos; tuve la oportunidad de tener mucho contacto con él”.

Le preguntamos respecto a la relación con sus compañeros de estudio, si hubo alguna en particular que trascendiera la etapa de estudiantes. “Desde que coincidimos en varias materias en el cuarto semestre –relata–, nos encontramos Alberto Menache Varela y yo. Tuvimos tan buena relación que decidimos coincidir en las siguientes materias, hasta terminar la carrera. Pude conocer a su familia, pues nos poníamos a estudiar incluso los fines de semana. Realmente Alberto era muy estudioso y fue una influencia importante para mí”.

Hubo otro compañero con quien hizo buena relación: Rigoberto Rivera Constantino, que ha sido profesor de toda la vida. “En realidad no recuerdo a muchos compañeros de generación que se dediquen a la geotecnia; fundamentalmente Rigoberto y Alberto –este último, desgraciadamente, se nos fue muy joven”.

Quisimos conocer su opinión sobre la evolución de la geotecnia en el tiempo en que se ha ocupado de ella. Héctor Valverde respondió: “Ha cambiado. Cuando yo estudié, después del año 1973, había materias que no se impartían; por ejemplo, se tocaba poco el tema sísmico; a raíz de los sismos, sobre todo después de 1985, el interés por la dinámica de suelos se ha incrementado de manera muy importante.

”Recuerdo que en aquel entonces nos dedicábamos a calcular, por ejemplo, un talud y había varios métodos manuales para calcular los factores de seguridad; sin embargo, el uso de la computadora ha revolucionado la forma de calcular, aunque algunos jóvenes ingenieros han perdido la sensibilidad sobre el comportamiento de un fenómeno geotécnico: ahora se ingresa información a una caja negra y se recibe un resultado sin el análisis ingenieril”.

Nuestro interlocutor no desprecia las nuevas tecnologías, aunque advierte que puede haber riesgos si se depende de ellas sin reflexión, sin aplicar criterios desde la perspectiva humana.

Le pedimos a Héctor Valverde que nos hable de uno o más hitos, algunos momentos claves de cambio en el lapso desde que empezó a involucrarse en la geotecnia hasta el día de hoy.

“Todo ha cambiado muchísimo: muchas novedades han surgido, entre ellas la caracterización de los suelos para lograr una mayor precisión respecto a las características de los materiales en sitio, así como las técnicas de construcción, por señalar algunos más.

”Obviamente, la tecnología es un instrumento muy valioso en este proceso de evolución, pero no se debe depender de ella a ciegas, sino aplicarse el criterio de un ingeniero que analice y verifique lo que las aplicaciones tecnológicas ofrecen, antes de dar dichos resultados por buenos”.

Héctor Valverde ha tenido particular experiencia con la certificación de peritos en geotecnia. “En el Comité de Peritos requeríamos que el ingeniero que se certificara como perito tuviera fundamentalmente la práctica profesional. Desde 2010 hasta principios de 2021 estuve coordinando el Comité de Peritos en Geotecnia en el Colegio de Ingenieros Civiles de México. En aquel entonces, 2010, teníamos una lista de alrededor de 25 peritos, y en 11 años logramos triplicar el número, pero no fue sencillo. Lo que hicimos fue invitar a ingenieros de trayectoria reconocida para que fueran parte del grupo de peritos; sin embargo, muchos de los ingenieros nos decían: ‘¿Para qué?, ¿para tener un nombramiento más?’. Ante estas inquietudes, contactamos al doctor Renato Berrón Ruiz, titular del Instituto para la Seguridad de las Construcciones en el gobierno de la CDMX, con objeto de que se contemple la figura de ingeniero corresponsable en seguridad geotécnica; según me indicó, se considerará al geotécnico en el nuevo Reglamento de Construcciones para la Ciudad de México”.

Le consultamos a Valverde si la certificación de perito en geotecnia se entrega directamente a ingenieros reconocidos por su experiencia, conocimientos y trayectoria, y los demás debían completar un curso o examen.

“En el comité de peritos del CICM se realizaban las invitaciones por medio de convocatorias; los candidatos se ponían a consideración del comité, y si alguno de ellos tenía los méritos por su trayectoria, se le otorgaba directamente la certificación. De no ser así, se indicaba a los candidatos que presentaran un examen, a criterio del comité; en casos de duda, se les solicitaba que presentaran en forma oral un trabajo que ellos consideraran”.

Ya nos contaba nuestro entrevistado que terminando sus estudios lo invitaron a dar clases, así que quisimos que nos resumiera su desarrollo profesional desde ese momento hasta la actualidad, y relata: “Estuve dando clases casi 11 años en la Facultad de Ingeniería. Simultáneamente, me invitaron a trabajar en Petróleos Mexicanos que, desde luego, fue una escuela para mí: hacíamos por igual la geotecnia de un edificio que plantas industriales del sector, lo cual me dio oportunidad de conocer el medio: supervisión en costa, pilotes para plataformas, condición geofísica para ductos. Fue una experiencia importante durante siete años. Luego formé una empresa, que continúa hasta la actualidad”.

Sobre su experiencia docente, le pedimos que abundara respecto a la evolución del proceso de enseñanza-aprendizaje desde su época de estudiante hasta ahora, en su calidad de profesor.

“Siendo yo profesor, intentaba que el joven sintiera la ingeniería, que no quisiera sentirse solamente el técnico; trataba de que entendiera el fenómeno y que modelara el comportamiento de alguna estructura o del suelo; era común que el estudiante quisiera solo aplicar fórmulas, pero considero necesario que un alumno conozca de hipótesis, y es necesario hacer un desglose: ¿por qué se llega a esta expresión?, ¿cuáles son las consideraciones que se deben tomar?, ¿cuáles son las limitaciones y las ventajas que se tienen? Les hablaba a los alumnos de obras en las que yo estaba trabajando y les describía los problemas a los que nos enfrentábamos y la manera en que los resolvíamos. Buscaba involucrarlos de forma tal que, además de las clases teóricas, la experiencia profesional fuera importante. Creo que también la facultad cambió en ese aspecto. Cuando yo era estudiante había muchas visitas a obra: varias dependencias del gobierno pagaban para que pudiéramos ir de manera gratuita a visitar la obra. Sin embargo, por los cambios políticos e ideológicos que hubo en el gobierno federal, y el uso distinto de los gastos correspondientes a las dependencias, se impidió que se hicieran visitas como antes”.

Siguió su participación en Pemex. Le pedimos a Héctor Valverde que ahondara sobre la experiencia que él destacó en la empresa del Estado. “Cuando estuve en Petróleos Mexicanos, mi jefe, el ingeniero Eduardo Soto Yáñez, me indicó que ocupara la jefatura del Laboratorio de Mecánica de Suelos durante medio año; el laboratorio tenía como 50 personas, y yo tenía en ese momento 25 años de edad. Desde el primer día traté de hacer más eficiente al personal, hablé mucho con la gente; sin embargo, había serias resistencias al cambio. Creo que el problema fundamental eran los vicios del sindicato que había en el sitio, y sí, cambiaron algunas cosas, pero no me fue posible modificar todo lo que yo quería durante esos seis meses. Con toda la fuerza que tenía el sindicato, resultó muy difícil hacer los cambios que yo quería”.

A sus 25 años tenía muchas inquietudes, especialmente de frente a la oportunidad de tomar decisiones. “Siempre quería aprender algo más –nos cuenta–; mi jefe, el ingeniero Soto, sabiendo de mis inquietudes, me dio la oportunidad de conocer los aspectos geotécnicos de la industria petrolera: visitaba sistemas que se usaban poco en aquellas épocas, nuevos para mí, como el de compactación dinámica. Cuando invitaban al ingeniero Soto y él no podía asistir, me solicitaban visitas a obras, y para mí era un placer ir a lugares y conocer más. Pemex fue una escuela muy importante en lo profesional; el estar en obra sumó mucho para complementar mi conocimiento. Así pues, estuve en la docencia, en el gobierno y en el sector privado, en el que continúo desde 1986”.

Desde esa época se dedicó a la consultoría, pero después de 2004 creó una empresa especializada en ingeniería de construcción de cimentaciones. Ha sido un desafío competir –tanto en México como en otros países– con empresas extranjeras que vienen en condiciones de privilegio, en ocasiones por beneficios que les dan sus propios gobiernos. Quisimos saber qué experiencia ha tenido con respecto a esto. Se habla, por ejemplo, de las empresas coreanas, que traían armadas las estructuras en barcos.

“Tuve la oportunidad de trabajar con una empresa coreana; ellos nos invitaron a realizar la geotecnia para la reconfiguración de la refinería en Ciudad Madero. Trataban de hacer prácticamente todo; traían un grupo completo que instalaron ahí mismo, en la refinería. Trajeron hasta a su cocinero. Fue muy difícil el trato con ellos, para empezar, por el idioma, y los ingenieros consultores mexicanos no pudimos competir en términos equitativos. Yo creo que las empresas que estén en México deben contratar a ingenieros y empresas mexicanos”.

Héctor Valverde nos ofrece una reflexión final sobre el estado actual de la geotecnia en México. “Creo que vamos bien, que la Sociedad Mexicana de Ingeniería Geotécnica ha crecido mucho, con cursos, con tener al día a socios y colegas. Considero que lo que aportaría en esta mejora es que todos los ingenieros que se dedican a esto complementen la parte práctica con la parte analítica. De esta manera podremos tener un ingeniero geotécnico completo.”

Entrevista de Daniel N. Moser


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