Resiliencia de la infraestructura hidráulica

La sequía que se padece en el país y las súbitas lluvias que generaron encharcamientos en la Ciudad de México a finales del mes de abril son expresiones recurrentes que dejan al descubierto la vulnerabilidad de la infraestructura hidráulica ante fenómenos hidrometeorológicos. Estas situaciones son un reflejo de la visión de corto plazo que prevalece en los diseños de la infraestructura y la falta de previsión para alertar a la población cuando se avecinan situaciones extraordinarias.

El tema de la resiliencia de la infraestructura hidráulica ha estado en el centro de la atención en otros países. En el Reino Unido, los planes para enfrentar el cambio climático pasaron recientemente de un horizonte de 25 años a uno de 50. En cada una de las regiones se sabe qué hacer en el futuro, con la programación de las actividades, los presupuestos y la organización social e institucional.

Los japoneses han dedicado tiempo y recursos a la organización de la población, al diseño de la infraestructura y aprenden de los eventos extraordinarios que experimentan. En China se tienen planes de largo plazo con definiciones muy claras de la disponibilidad de agua, de los volúmenes de agua dedicados a la industria y del incremento de la eficiencia en la agricultura de riego. Evaluaciones periódicas para conocer su cumplimiento desde los niveles comunitarios aseguran el cumplimiento de las metas.

En México se han hecho intentos por contar con instrumentos para afrontar las sequías y las inundaciones desde la perspectiva institucional. Así se creó el Programa Nacional ante Sequías (Pronacose) y el Manual para Control de Inundaciones. La implementación de estas iniciativas sería de gran ayuda para mitigar los efectos de los fenómenos hidrometeorológicos, pero nuevas orientaciones en el manejo del agua y cambios institucionales (desaparición del Fonden) limitan su aplicación.

Es necesario construir la resiliencia para la infraestructura hidráulica al menos en tres tipos de sistemas: el integrado de escala nacional o de cuenca para enfrentar el cambio climático, el crecimiento de la población y la migración, entre otros; el sectorizado para atender presas o sistemas de agua potable, y el de proyectos para desarrollar mejores diseños. En todos los casos, la participación de la sociedad es indispensable.

César Herrera Toledo