Reúso y mayor eficiencia son acciones determinantes

  • Entrevista a Víctor Bourguett Ortiz, director general del Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México.

La dotación actual de 300 litros por habitante al día que en promedio se tiene en el Valle de México es exagerado, irracional. En algunas zonas del poniente de la CDMX se consumen más de 500 litros por habitante al día. En Tláhuac e Iztapalapa –por mencionar dos alcaldías al oriente de la ciudad– el consumo por habitante al día ronda los 150 litros, lo cual refleja una desigualdad que no debemos permitir, y estamos trabajando para que se reduzca.

¿Cuáles identifica hoy como los principales desafíos en su responsabilidad?

El primero, mantener el suministro de agua al Valle de México, que incluye los 13.2 metros cúbicos por segundo (m³/s) que se generan del Cutzamala, más alrededor de 8 m³/s adicionales que son enviados por los conocidos sistemas de pozos del PAI (Plan de Acción Inmediata), que es un conjunto de acueductos, distribuidos en dos residencias: PAI Norte y PAI Sur. Eso en cuanto a suministro de agua, pero también mantener la coordinación del sistema hidrológico metropolitano, que es el que permite bombear las aguas de lluvia de las lagunas de regulación y derivarlas al Valle del Mezquital a través del Drenaje Profundo. Esos son los dos desafíos principales.

En las condiciones de países como el nuestro, en general hay una necesidad obligada de atender las urgencias, lo inmediato, pero también se debe atender el mediano y largo plazo. En ese sentido, ¿qué están considerando desde el organismo a su cargo?

En el mediano y largo plazo, la prioridad es reforzar el mantenimiento de la infraestructura existente, porque ahora hay suministro seguro, pero la infraestructura ha envejecido, tanto la del Sistema Cutzamala como la de los PAI, pues ya tienen más de 39 años de antigüedad.

Como sabemos, en países como los nuestros el mantenimiento no es precisamente la prioridad. A la gente le gustaría escuchar que se tendrá más agua de algún lado, pero lo cierto es que primero se sostendrá el suministro actual a través del mantenimiento y renovación de la infraestructura para incrementar la eficiencia de los sistemas.

Se cuenta con transformadores de 39 años de edad que mantienen en operación los equipos de las seis plantas de bombeo; la inversión para renovarlos es de alrededor de 330 millones de pesos. Todo el sistema eléctrico: las plantas de bombeo, los PAI, los pozos –además de la habilitación de nuevos pozos– son de las principales obras de infraestructura a las que hay que destinar importantes recursos para su mantenimiento. Una vez resuelto el mantenimiento, lo siguiente es evaluar de dónde se traerá más agua, porque hay muchos proyectos, como Temascaltepec, río Amacuzac o el Tecolutla, pero en su momento los ingenieros que los formularon lamentablemente no tomaron en cuenta temas como la disponibilidad administrativa del recurso. Hay proyectos para acueductos del río Tecolutla o del Valle del Mezquital, pero ya no existen los caudales con los que fueron diseñados; entonces, se deben rehacer los proyectos, analizar la viabilidad y, sobre todo, la factibilidad social: negociar con la gente de distintos puntos de donde se pueda traer agua, para que sea admisible, aunque los trasvases hoy en día ya no son nada atractivos, más bien asuntos de conflicto.

La construcción de presas derivadoras ambientalmente es cuestionada por los pobladores; a pesar de beneficiarse de ellas, no les dan el valor que tienen y las objetan; así que todo eso sería el tema por revisar para ver cómo llevar más agua al Valle de México.

Por último, y más importante, se tiene suficiente agua en el valle, pero se desperdicia alrededor del 40%. Se invierte en extraerla y potabilizarla, pero no llega a los usuarios, así que la labor del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) y de los organismos operadores de los municipios conurbados es lograr eliminar, al menos gradualmente, las fugas de agua. Asimismo, reducir los consumos promedios a 150-170 litros por habitante por día, y, por supuesto, incrementar el reúso de agua es primordial.

Hay acciones locales que se dejan de hacer y urge resolverlas, porque si se traen 10 m³/s de cualquier otro lado, pero 5 de éstos llegarán a los hogares, los demás se desperdiciarán; en el mejor de los casos, los caudales irán al acuífero, pero mayormente se van a los drenajes y terminan otra vez mezclados con las aguas residuales y enviados al Valle del Mezquital, que es la salida que tenemos para las aguas negras de México.

Según las incumbencias del organismo a su cargo, los aspectos que atienden son primordialmente de orden técnico: de dónde traer el agua, con qué infraestructura, cómo gestionarla; también habrá cuestiones administrativas… sin embargo, hay factores como las decisiones políticas, la educación y la cultura ciudadana respecto al buen uso del recurso. ¿Qué debería hacerse para atender estos factores?

Yo escucho mucho acerca de que el agua está concesionada a muy pocos usuarios para su manejo, y que debería ser socializada. Yo no estoy tan seguro, porque los mayores usuarios del agua en este país son los distritos de riego, en segundo lugar las ciudades y en último lugar la industria que tiene concesiones, pero no creo que sean las más importantes.

¿Qué debemos hacer? Existe la ley, que hay que respetar. Es muy probable que la gente que critica la forma en que se administra el agua en el país tenga razón; sin embargo, modificar el marco legal es un asunto que rebasa el ámbito de un sexenio. Se tienen que cambiar las leyes, hacerlas de acuerdo con la nueva realidad que percibe la sociedad, estoy de acuerdo, pero son procesos largos.

Por otro lado, hay gente que está en contra de las presas, de los trasvases, y puede ser que tengan razón por los daños ambientales, porque unas zonas quedan con menos agua de la que tenían; pero también es una realidad que el Valle de México no dejará de existir ni se va a reducir de forma importante la cantidad de gente que vive en él. Estamos en un valle donde la disponibilidad de agua es muy baja para la cantidad de habitantes que la requieren, y la principal solución –además de ser muy eficientes en la gestión del recurso– es reducir los niveles de consumo; a ello sumemos el infiltrar agua para corregir la sobreexplotación del acuífero.

También es un factor por corregir el acceso a los servicios de agua, y esto la gente no lo valora en su justa medida. Se paga muy poco por el agua del Valle de México y los subsidios se van a incrementar porque las comunidades a las que se les quita su agua para traerla requieren una compensación por servicios ambientales y también por servicios sociales.

El reto es mayúsculo; no estábamos preparados para enfrentarlo, y esto está cambiando. Se tienen múltiples infracciones a la ley, descargas ilegales, pozos clandestinos, invasiones en zonas federales, invasión de urbanización en los cauces de ríos y arroyos, no sólo del Valle de México sino en todo el país… todo esto es parte del no respeto a la ley. Esperamos que con las nuevas generaciones empiece a darse un cambio de mentalidad en beneficio de todos nosotros como ciudadanos y del país en general.

¿Podría ser más específico respecto a qué sectores no están actuando de la manera adecuada, tanto de la sociedad civil como del sector público, del empresariado, y qué debería hacerse concretamente para no tener que esperar tanto tiempo para resolver algo que requiere solución en el muy corto plazo?

En el caso del sector industrial, se otorga una concesión de agua por una cierta cantidad de años; para cualquier cambio de condiciones, se debe esperar que la concesión caduque, y al momento de la renovación el Estado le puede plantear al concesionario que su consumo no es sustentable, y reducir la concesión de lo que le daba, pero tiene que presentar un programa de ajuste en el consumo, bajar su huella hídrica, y así la industria tomará las acciones para ser más eficientes; lo mismo debe suceder con el sector agrícola, a través de la modernización del riego, y, obviamente, con las zonas urbanas.

El utilizar la abundancia de agua en el sur del país para llevarla al centro y al norte, ¿es una opción viable?

Es una opción que por lo pronto ha sido descartada por el costo que implica hacer infraestructura para transporte y bombeo; adicionalmente, se debe hacer un análisis costo-beneficio de traer agua de Tabasco, por ejemplo, a la Ciudad de México, pues podría haber opciones más baratas, como traerla del Golfo de México. Por otro lado, sería necesario evaluar el tema social, porque atravesar terrenos ejidales o propiedades privadas en el trayecto de tan extenso acueducto tendría un costo enorme; la gente tendría que estar de acuerdo y habría que pagarle por sus terrenos, porque además podrían condicionar el paso pidiendo agua… estoy pensando en zonas de Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, que no tienen abundancia del líquido, y habría que ir dejando grandes cantidades de agua en el camino. Así pues, parecería sencillo, y también puede pasar lo que con los productos petroleros: si ves pasar agua por tu terreno y necesitas agua, la tentación de tomarla es grande. Mejor sería tratar de hacer acuerdos con toda la gente por donde vaya a pasar un eventual acueducto, en sus colindancias… son pendientes que se tendrían que ver a largo plazo: la negociación, primero; pensar que por lo menos se llevaría un sexenio el negociar con todos los propietarios de terrenos por donde pasaría un acueducto. No es un problema de ingeniería: es de costo y de gestión de la obra.

En cuanto al costo, no hay más recursos fiscales ni inversión privada. La gestión con la ciudadanía es tanto o más complicada, por el hecho de que se requiere un cambio de mentalidad respecto del significado y valor del recurso agua.

Sí hay algún cambio de mentalidad. Veo a mis hijos y a sus amigos más conscientes del daño ambiental que se ha hecho al medio en general. Ahora mismo, por las obras en el Cutzamala, la comunidad de la zona pide beneficios como agua potable y saneamiento, piden caminos, hospitales, campos deportivos… y en buena medida tienen razón. Ven pasar el agua y ven beneficios para la Ciudad de México, y ellos tienen una vida con menor calidad.

Algo parecido sucede, entiendo, con el caso de las obras hidráulicas para el aeropuerto Felipe Ángeles, en Santa Lucía.

Efectivamente, ya se están considerando estos factores. Un grupo de secretarías de Estado trabaja en todos los municipios alrededor del aeropuerto para saber cuáles son las necesidades de las comunidades aledañas y qué se tiene que hacer para resolverlas, de manera que el beneficio no sea sólo para el aeropuerto; todas las comunidades tienen derecho a un mejor nivel de vida, a satisfacer sus necesidades básicas. En eso está trabajando el gobierno, reconociendo que los proyectos ya no son aislados, que se debe ver integralmente, desde servicios básicos que debieron tener desde el principio las comunidades hasta temas ambientales, de educación y salud, por ejemplo.

Hace poco se hablaba de un estado crítico en el suministro de agua en el Valle de México. ¿Cuál es el estatus de esto ahora, qué se ha hecho y qué se tiene que hacer para que no se genere una situación igual?

Crítico ha sido siempre. La ciudad se fundó en un sitio muy complicado, pero no está cerca el día cero en el valle; creo que estamos en una situación de estabilidad. Se ha bajado el nivel del Cutzamala, pero se cuenta con otros acueductos que pueden suministrar el caudal que deje de dar el Cutzamala: se está trabajando más en el Lerma, y esa estabilidad se mantendrá más aun si se alcanza mayor eficiencia de los organismos operadores de los servicios de agua y saneamiento en el valle. Está incrementándose el reúso del agua, pues no necesitamos agua de primer uso para muchas actividades industriales, comerciales, de riego de jardines, en fin.

El reúso y la mejora de la eficiencia son acciones determinantes. Se está innovando en acciones de recarga del acuífero, y el complemento de agua vendrá de alguna fuente externa, pero no será durante el actual sexenio. Hacer eficiente el consumo es una necesidad. La dotación actual de 300 litros por habitante al día que en promedio se tiene en el valle es exagerado, irracional. En algunas zonas del poniente de la CDMX se consumen más de 500 litros por habitante al día. En Tláhuac e Iztapalapa –por mencionar dos alcaldías al oriente de la CDMX– el consumo por habitante al día ronda los 150 litros, lo cual refleja una desigualdad que no debemos permitir, y estamos trabajando para que se reduzca.

¿La pérdida por fugas está incluida en estas estimaciones de consumo?

Sí. Es probable que en general a la gente le estén llegando no 300 litros, sino alrededor de 180. En el mismo rango, en el oriente de la ciudad puede que en lugar de 150 litros estén recibiendo 90. Si las pérdidas en fugas disminuyeran al 20%, el suministro per cápita y la eficiencia se verían incrementados, pasando de 180 litros al día a 240 y de 90 a 120 litros al día.

¿Cuáles son las prioridades en las que están trabajando para el mantenimiento y conservación de lo que hay hoy, y pensando en el mediano y largo plazo?

Lo que a nosotros nos preocupa es toda la parte eléctrica del Sistema Cutzamala, que ya llegó al fin de su vida útil con sus 39 años de antigüedad. Se están llevando a cabo muchas acciones que no se notan: por lo pronto, todo el sistema de tableros, el cableado, equipos de protección y de respaldo; además, la mejora de la eficiencia de la planta potabilizadora Los Berros, que fue diseñada también hace 39 años y poco se había atendido. Se están haciendo más eficientes los procesos para desperdiciar menos agua; hay algas en Valle de Bravo, en Villa Victoria, y entonces se desperdicia más porque se deben hacer retrolavados para limpiar los filtros, lo cual se traduce en que hay que tirar agua para mantener la calidad del proceso. Se trabaja también en la línea 3 del Cutzamala para poder tener dos líneas trabajando y una a la cual darle mantenimiento, pues con las casi cuatro décadas operando están muy dañadas por la corrosión.

Ya se concluyó el múltiple de descarga número 2 de la Planta de Bombeo 5, que es la última que lleva el agua a la CDMX y ha permitido que, en este último operativo que se hizo hace unas semanas, el valle no se quedara sin agua; fue posible dar 9.2 m³/s durante 40 horas prácticamente, para hacer trabajos que antes habrían sido imposibles sin detener todo el sistema.

Los cortes a cero del suministro por obras de mantenimiento o construcción se van a dar muy de vez en cuando y sólo en ocasiones, como cuando se construya una segunda línea, ya no de descarga sino del múltiple de llegada a la Planta de Bombeo 5, y para tener la versatilidad de dos líneas independientes.

Con el Sacmex y demás organismos operadores de los municipios conurbados, se ha estado trabajando desde el año pasado en rehabilitación, en perforación de pozos y en el remanente administrativo de toda la red de pozos del Valle de México, para que no haya dudas de a cuánto tiene derecho cada quien: tantos pozos, cuál es su equipamiento… son obras que la ciudadanía no ve, pero es un orden técnico-administrativo que es necesario darle al Valle de México para que haya certeza de la disponibilidad del agua en el propio valle y en cada uno de los municipios.

En materia legislativa, para el sector hídrico se aprecian posiciones encontradas entre quienes se aferran a su planteo y no logran ponerse de acuerdo, si no con consensos al menos concentrándose en los intereses comunes más que en las divergencias, en fin, negociando. ¿Qué papel desempeñan los ingenieros civiles en el proceso?, ¿son tenidos en cuenta?

En mi opinión, el problema es enorme en todo el país, que tiene zonas tan diferentes en cuanto a la demanda, la disponibilidad, las condiciones locales. Considero que una ley no resuelve el problema; para mí, pasa más por la educación, la cultura, la convicción de nosotros como ciudadanos de respetar las leyes, de no querer burlar a los demás y aprovecharse. Por más efectiva que sea una ley, si la gente no la respeta, pierde su valor.

He sabido de ingenieros civiles que están inmiscuidos en el tema, pero sé que hay cuatro iniciativas de ley de agua y diferentes actores. Seguramente algunos otros ingenieros fueron consultados en alguna de esas iniciativas; el reto sería que de todas se haga una y que en ella todo mundo vea reflejado su interés o el interés general

Entrevista de Daniel N. Moser