Sequía en temporada de huracanes

EDITORIAL

Un promedio de 34 ciclones tropicales golpean las costas mexicanas entre los meses de mayo y octubre. Cuando éstos entran en tierra, descargan tal cantidad de agua que llegan a generar inundaciones y desbordamiento de ríos que provocan daños en infraestructura y, en algunos casos, hasta la pérdida de vidas humanas; pero son éstos el mecanismo natural capaz de recargar nuestros acuíferos y llenar lagos y presas que, finalmente, son las fuentes de abastecimiento para el campo y los centros urbanos.

Ha comenzado la temporada de ciclones tropicales y escuchamos en diferentes medios que el país pasa por una sequía muy grave que afecta la ganadería, la agricultura y, en especial, las principales ciudades del norte. La pregunta es: ¿por qué, a pesar de la cantidad de agua que aportan estos fenómenos hidrometeorológicos, no se puede resolver la problemática asociada al agua?

La respuesta es que la precipitación y la población no se distribuyen de igual manera en el territorio. En México, aproximadamente el 67% del agua se precipita en lugares donde se concentra el 23% de la población, mientras que el 33% restante de la precipitación se da donde se encuentra el 77% de los habitantes; es decir, los ciclones no siempre liberan su carga donde nos es útil para infiltrar, almacenar y regular, y en consecuencia no disponemos de esos volúmenes para utilizarlos en los diversos ámbitos a los que se destina el agua. Por otra parte, un porcentaje importante de los volúmenes escurridos transita por los ríos y descarga en el océano Pacífico y el Golfo de México sin ser aprovechado, debido a falta de inversión en infraestructura.

Es innegable que los recursos federales, estatales y municipales asignados al sector hídrico disminuyeron de 34,288 mdp en 2012 hasta 13,117 mdp en 2020, situación que hasta el momento no ha mejorado, lo que ha implicado un rezago importante al dejar de mantener, ampliar y conservar la infraestructura asociada a los servicios de agua potable.

Mientras los recursos para inversión en infraestructura llegan y se logra disminuir la brecha entre oferta y demanda, es necesario realizar un gran esfuerzo para tomar conciencia de cómo cuidar el agua y cómo lograr su distribución a toda la población.

Por lo tanto, a la sociedad le corresponde aplicar los programas que existen de cultura y cuidado del agua para su uso eficiente y racional, mientras que las autoridades tienen que colocar como asunto prioritario en la agenda pública la resolución de la problemática asociada al agua, invertir un mayor porcentaje del PIB y fortalecer a las instituciones. Resulta urgente trabajar por la seguridad hídrica de México.

Guillermo Leal Báez